Tatuajes Cruces
No hace demasiado, Carl se resistía a entrar en un estudio de tatuaje. Eran, al fin y al cabo, sitios siniestros y llenos de gente con aspecto de querer darte una paliza a la mínima de cambio. “Entrabas y veías a algún tipo patibulario con barba y camiseta llena de manchas, que te miraba de arriba a abajo, que te preguntaba que qué querías con malos modos. Recuerdo que la idea de entrar en un estudio me ponía muy nervioso”.


